El ciudadano y el ocio intelectual

14/12/2010 a las 16:32 | Escrito en TxT | Deja un comentario

Con un título tan complejo abarcaríamos horas y hojas de modo de dilucidar los interrogantes que se esconden detrás de él. Pero lo cierto es que a veces es necesario tratar de encontrar las líneas justas y concretas que al menos nos dejen pensando, cuando no se conviertan en otra de las verdades relativas.

Lo importante que nos invita a pensar el tiempo histórico en el que vivimos, concretamente en nuestra querida Argentina, es ésta maravillosa relación entre los hechos (la Política), las necesidades (los ciudadanos/as) y el presente, que es la historia y el futuro mismo.

En términos de la historia misma, la que ya se escribió y la que se escribe actualmente, para dar lugar a un futuro inmediato de la historia, es necesario formularse ciertas preguntas y repreguntarse tantas otras de modo de tratar de entender qué es lo que hacemos nosotros, como hombres y ciudadanos de la historia, parados en esta tierra, en estos límites geopolíticos, sociales y culturales.

Es ese juego de (auto) interpelación es en dónde se hace explícita la voluntad intelectual del pueblo y de los ciudadanos que lo integran. Y eso es sumamente necesario e imprescindible. La no ejecución de la auto-interpretación quedará gobernada directamente por la interpelación desde fuera de uno mismo, sin existir la posibilidad racional de la duda: cuando el otro se impone, las fuerzas disminuyen. Y la imposición es la forma, no hay otra.

La vaguedad intelectual hace a un pueblo débil, frágil y sometido. El ocio intelectual es ciertamente peligroso para el futuro de una comunidad. El caso contrario, la posibilidad de interpelarse e interpretar el medio, hace a la propia voluntad, al esfuerzo y a la madurez. Un pueblo que piensa es un pueblo maduro.

Dicho esto, y para no caer solo en proposiciones teóricas, es necesario bajar a la realidad, al terreno. Y a nuestros alrededores se ven las pruebas, tanto de una como de otra postura.

Una pregunta fundacional me inquieta permanentemente. Partiendo de la base que un ciudadano/a que ha vivido la historia cruda de este país, que ha sabido que hemos pasado por las mas hostiles realidades, que ha visto sangre, muerte, violaciones; que ha visto represión, pobreza, persecución, fraude, enriquecimientos ilícitos, desequilibrios económicos, desabastecimiento, hiperinflación, golpes de Estado, desigualdades e injusticias, etc., etc…

¿Cómo puede ser que no pueda lograr creer en un gobierno democrático, elegido por el pueblo, que gobierna para los intereses de las mayorías, y que demuestra permanentemente calidad institucional, distribución de la riqueza, equilibrio social, armonía y convivencia?

Esta es sin duda una pregunta recurrente y compleja a la vez. Entonces es necesario tratar de darle curso para entender qué puede llevar a una persona a desconocer tamañas transformaciones sociales. No es el propósito aquí, en esta humilde reflexión, encontrar la solución, las respuestas a modo de verdad. Es un aporte, antes bien, a la construcción permanente de una reflexión crítica pero sostenida.

En primer término, es demasiado ambicioso y poco probable, querer leer la mente, la psiquis, del ciudadano/a. Pero no tenga duda ciudadana/o que hay mucho de ello. En la psiquis humana se enconden las principales causas por las que se entienden e interpretan el bien, el mal, lo mejor, lo peor, lo mío, lo tuyo. Dentro de cada psiquis se engendran las subjetivas respuestas que cada ser busca de acuerdo a un análisis muy particular de los acontecimientos.

En segundo lugar, y no menos importante, es esta cuestión de la vaguedad intelectual. Es necesario que todos los integrantes de esta comunidad se informen, investiguen, se formen, se actualicen. Y necesariamente es aquí en donde reside una de las cuestiones primordiales del éxito o el fracaso: la imposición del poder imperante de los monopolios comunicacionales. Y esto no lo digo yo. Pueden a uno acusarlo de “zurdo”, “comunista”, “oficialista”. Y esta bien, es válido. Pero hay decenas de ramas de estudios avanzados que confluyen en la teoría explícita que el manejo de la opinión pública en los grandes o pequeños temas, a través de los masivos medios de comunicación, es notoria entrado ya el siglo XXI. A esto, no podemos hacer oídos sordos, no. No muchachos, todos creemos saber bien donde estamos parados. Y ellos también.

La operativa en marcha a favor del poder de grandes corporaciones capitalistas, con importante financiación de grupos monopólicos concentrados, con la complicidad de los dueños de las viejas prácticas políticas, en función de los medios de comunicación, es clave para entender desde dónde decimos lo que decimos.

Es claro que sobre este tema se ha dicho mucho y se dirá aún mas. Es tan sensible a nuestro proceso histórico como la presencia misma de un gobierno progresista.

Seguido de ello, y a modo de tercer término y último por ahora, es necesario entender la historia misma de lo que somos. Claro está que nos llevaría años interpretar la historia, luego de 200 años del surgimiento como República. Pero lo cierto es que se pueden delineas algunas cuestiones que nos permitan mayor información para entender la realidad.

Recientemente estuve de viaje con el historiador León Pomer (su apellido es Pomerantz, de Pomerania, una vieja región del nordeste de Alemanía, que pasó a manos de Polonía terminada ya la IIº Guerra Mundial), un doctor en historia y profesor, exiliado del país por mas de 20 años a partir de la instalación del gobierno militar que bien supo coartarle sus posibilidades de desarrollo intelectual, político y económico en la Argentina.

Él mismo me contaba, que a partir del triunfo del primer Gobierno Patrio (mal llamado por algunos historiadores), la creación del Cabildo Abierto y el nacimiento de la República, la Argentina se dirimiría desde entonces en dos cuestiones totalmente opuestas: la lucha por la Soberanía Nacional encontraría de un lado a los grandes terratenientes y oligarcas pregonando por la preservación del viejo orden y los llamados “Revolucionarios” a favor de la liberación de la Corona y la la fundación de una verdadera Nación Soberana.

Esa realidad histórica no deja de ser un claro ejemplo para trasvasarlo a nuestro días. La lucha explícita por la que muchos de nosotros milita, es por la definitiva implantación de un modelo de sociedad en donde todos tengan las mismas posibilidades. Un modelo de País soberano, independiente, autónomo, soberano de los grandes centros de poder capitalistas del mundo, independiente de cualquier tipo de Corona, española, inglesa, norteamericana.

Un Estado fuerte y Soberano. Un cúmulo de Políticas activas en pos de la igualdad de oportunidades, de la Justicia Social, de la Independencia Económica y de la Soberanía Política. Y ellas no son simplemente banderas del Justicialismo: son en definitiva las herramientas para la verdadera transformación social que todos necesitamos.

Del otro lado están bien presentes y delineados, aquellos grupos que pregonan un País para unos pocos, sin la presencia de un Estado que los regule, bien al lado del Capitalismo y de los grupos concentrados de poder mediático, cultural, simbólico: en definitiva, del poder Político.

Esa barrera está clara y definida. Nuestra mayor responsabilidad es profundizar este Modelo de verdadera transformación social y apuntar a aquellos sectores que aún descreen fervientemente que este es el camino: con la militancia, la política, el compromiso y la verdad contribuiremos a que definitivamente puedan entender y comprender la única realidad posible luego de 200 años de historia.

 

By Ezequiel Gerez

2010 – december

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